
jueves, 1 de febrero de 2007
miércoles, 24 de enero de 2007


PASEANDO CON OVIDIO
POR LOS JARDINES DE
LA GRANJA
El propósito de la excursión es disfrutar de un paseo mitológico, pues no sólo en el Olimpo: también en las montañas ibéricas corretean las musas y se entretienen los dioses. De la mano de Ovidio y sus Metamorfosis recorreremos los jardines del palacio de La Granja, y a la vista de las fuentes y sus esculturas, repasaremos las leyendas que éstas evocan siguiendo los textos del inmortal poeta; un rato en latín, otro rato en castellano.
HISTORIA DE LOS JARDINES DE LA GRANJA.
El origen del palacio y los jardines de La Granja de San Ildefonso es la adquisición en 1720 por parte de Felipe V[1] de unos terrenos en la falda septentrional del Peñalara, a poco más de 10 kilómetros de la ciudad de Segovia. La hacienda, a su vez, era una antigua donación de los Reyes Católicos a los frailes Jerónimos del monasterio segoviano de El Parral, que éstos supieron convertir en un huerto famoso en toda la región. El lote fue completado con la compra de un par más de parcelas hasta reunir una amplia extensión capaz de albergar el edificio central, la colegiata anexa y el parque, además de las dependencias auxiliares para el servicio de palacio.
Las condiciones naturales, que obviamente condicionan cualquier trazado, en el caso de los jardines de La Granja son determinantes, pues la orografía del terreno es singular: una fuerte pendiente, como corresponde a la falda de una montaña, y varios cursos de agua que lo atraviesan y que son aprovechados para surtir el imponente depósito (conocido como “el Mar”), los juegos de agua y las fuentes. En este sentido, hay que comenzar señalando que el parque consta de un área urbanizada, que sufrió un proceso de explanación y planeamiento, y de otra sin acondicionar, y entre las dos se reparten casi al cincuenta por ciento la superficie total intramuros.
Los jardines se empezaron a construir en 1721, al mismo tiempo que el palacio, bajo la dirección del arquitecto y escultor francés René Carlier y del jardinero Esteban Boutelou, que a su vez lo era de Aranjuez. Los trabajos se prolongaron a lo largo de muchos años, al ritmo de la incorporación de nuevos terrenos adquiridos por el rey y los cambios en la dirección de la obra.
Una de las ventajas que sin duda pesó en el ánimo de Felipe V a la hora de elegir el emplazamiento fue la posibilidad de contar con agua abundante para las fuentes. Agua, además, que venía con una presión natural, la propia de la pendiente de la montaña. Con lo cual se soslayaba el principal problema al que se tuvieron que enfrentar los ingenieros franceses –los mejores de su tiempo- en el diseño de artilugios hidráulicos para Versalles: la capacidad de bombeo. El almacenamiento y canalización del agua por una red de tuberías de hierro, capaz de crear surtidores de decenas de metros de altura por la simple presión natural es otra de las obras de arte de La Granja, aunque en este caso permanezca enterrada.
El parque, adornado por más de diez mil árboles, cuenta con veintiséis fuentes monumentales de motivos mitológicos, equipadas con espectaculares juegos de agua; además de gran número de estatuas, jarrones, graderías y elementos ornamentales de todo tipo realizados por René Frémin, Jean Thierry, Hubert Dumandré y Jacques Bousseau[2], entre otros. Además del mármol, el material más abundante en la decoración es el plomo, pintado con una tonalidad rojiza a imitación del bronce. Quizá tiene razón Victoriano Juaristi cuando señala en su libro Las fuentes de España que el plomo es material más de fontaneros que de artistas, pero lo cierto es que Frémin y sus colegas supieron aprovechar bien las facilidades para moldearlo y conseguir una notabilísima plasticidad en las composiciones.
Se suele considerar a estos jardines como la más acabada representación en España del estilo francés de Versalles, según el modelo cuyo máximo exponente es André Le Nôtre. Aunque eso sea esencialmente cierto, el Palacio de San Ildefonso y su parque se corresponden más con el desaparecido Marly, residencia de descanso de Luis XIV. Al fin y al cabo, Felipe V tuvo primero en mente fue disponer un lugar para su retiro, pero tras la vuelta a trono por fallecimiento de su heredero hubo de reorientar la finalidad del palacio al ocio y al reposo.
En definitiva, Al fin y al cabo, el palacio y los jardines de La Granja fueron concebidos por un rey que se había criado en Versalles y había tenido a Fenelon de preceptor. Desde la mentalidad humanística y refinada que cabe atribuirle, el conjunto fue pensado como lugar de descanso, esparcimiento y placer. Placer en sentido amplio, donde tiene sin duda cabida lo estético. Pero estamos hablando de un rey[3] que se había criado en Versalles y había tenido a Fenelon de preceptor. Desde la mentalidad humanística y refinada que cabe atribuirle, el conjunto fue pensado como lugar de descanso, esparcimiento y placer. Placer en sentido amplio, donde tiene sin duda cabida lo estético.
PASEO POR LOS JARDINES
Estamos de buena mañana ante la verja de entrada al parque. Es otoño, lo que resulta un valor añadido cuando se trata de andar entre árboles. Nuestros ojos se van a llenar de muchos más colores que en cualquier otra época del año, y la temperatura va a permitir prolongar el paseo en las mejores condiciones. Llegamos a la verja del Patio de la Herradura. Sabemos que no es contemporánea del palacio, pero su prestancia nos proporciona un excelente recibimiento. Vamos a iniciar el paseo.
Nada más entrar, la sensación de una amplia perspectiva nos hace girar a la derecha. Desde una balaustrada que hace de terraza, contemplamos el parterre de la Fama. Es un
recinto rectangular muy alargado, que a simple vista parece extenderse hasta el muro. Está limitado en su parte superior por la calle de Valsaín, flanqueada por añosos olmos, y en su parte baja por el llamado bosquete de la Melancolía, una espesa selva formada por muy distintos tipos de árboles
que el visitante ocasional suele esquivar, a pesar de ser uno de los lugares más gratos del recinto. Vamos hacia su centro, donde se encuentra la fuente que da nombre al conjunto. Sobre pedestales, entre los setos y los arriates, estatuas y, sobre todo, ocho admirables jarrones de Frémin. Son de plomo (como casi todas las estatuas del parque) sobrepintados de blanco, y nos parecen obras maestras del arte decorativo. Nos vamos deteniendo uno por uno para apreciar los detalles de sus relieves. Así llegamos al estanque circular, donde se erige un peñasco de unos seis metros de altura en cuya cima, montada sobre un caballo alado, tocando la trompeta, está la Fama; aquélla que, según Ovidio, habita en un palacio de bronce de múltiples entradas al que llegan todas las voces, que se devuelven amplificadas. La Maldad, la Ignorancia, la Envidia y la Ruindad son representados como guerreros vencidos a los pies del caballo o despeñándose por la roca. Al pie de la misma, unas figuras yacentes a la manera de Bernini representan a los ríos Ebro, Duero, Guadiana y Pisuerga. Alrededor del estanque, completan el monumental conjunto cuatro grupos de amorcillos cabalgando sobre tritones.
Nuestros pasos nos han llevado al extremo del parterre, y tenemos a la vista la Fuente de los Baños de Diana, la más monumental y la última que se construyó. Casi apoyada en el muro exterior y sobre un telón de piedras de sillería, es una composición compleja: un cuerpo central con una hornacina, donde aparece sentado Acteón tocando la flauta, dominando una gradería de mármol dispuesta en forma de cascada, sobre la que está Diana sentada, recién salida del baño, rodeada de cinco ninfas que la sirven. La leyenda es muy conocida: Acteón, cazador furtivo, se enamora de Diana, a la que sigue ocultamente en sus largas caminatas por los bosques. Pero es descubierto espiando en el momento en que, tras refrescarse, la diosa está saliendo del río. Convertido por ésta en ciervo, sus propios perros lo devoran. Dominando la hornacina, un gran jarrón con guirnaldas de flores y sendos conjuntos de leones y dragones alados. Y en el lateral, cuatro tazas de plomo blanqueado y tamaño decreciente hacen de cascada. Abajo, en el estanque, se distribuyen un sinfín de animales y ninfas.
Frente a todo esto y encerrándolo, una plaza semicircular. Por su diseño y por la alta espesura que la circunda, da la impresión de graderío de un teatro que tiene por escenario la fuente. Entorno, arte con vocación decorativa y gusto extremo por lo formal componen un conjunto coherente, el más representativo en La Granja y quizá en España del estilo rococó francés.
Dudamos hacia dónde continuar, porque la peculiar disposición de la entrada y el atractivo instantáneo del Parterre de la Fama nos ha hecho desviarnos radicalmente hacia el extremo inferior derecho del recinto. Si seguimos la tendencia más natural, deberíamos subir por la calle paralela al muro, pero es mejor volver sobre nuestros pasos y regresar a la vecindad del palacio. Haciéndolo así, y situándonos centrados y de espaldas a la fachada principal, disfrutamos de la mejor perspectiva del parque. Tres ordenaciones paralelas atraen nuestra mirada. Son, empezando por la derecha, Los Vientos, La Cascada y La Carrera de Caballos.
En primer lugar, pues, nos enfrentamos a un conjunto, Los Vientos, formado por dos bosquetes alineados entre los cuales está la fuente. Rodeada de tilos, en medio de un estanque circular, sobre una roca, se encuentra Eolo, dios del Viento, que mantiene encadenados a los vientecillos. En los bordes, ocho mascarones sueltan chorros de agua apuntando a la figura central. Es obra de Frémin.
También de René Frémin con la colaboración de Jean Thierry, y centrado respecto a la fachada principal del palacio, La Cascada es un conjunto de parterres, fuentes y
estanques en forma escalonada, con abundante decoración de estatuas y jarrones. Como unidad armónica, resulta sin duda el elemento principal del recinto: un eje perpendicular que aprovecha el pronunciado declive del terreno, formando un conjunto de estanques dispuestos en graderío, como simulando escaleras de mármol. Varios grupos escultóricos se distribuyen entre ellos: dos hipocampos sobre los que cabalgan amorcillos, un león y un perro devorando a un ciervo están entre los principales.
Al pie del conjunto y delante del parterre propiamente dicho está la fuente principal, que muestra a la nereida Anfítrite en su carroza en forma de concha. Para huir de Poseidón, que la pretendía, se escondió en las profundidades del océano, pero fue descubierta por los delfines y conducida por éstos, en un solemne cortejo, a desposarse con él. Es el momento representado. En la parte superior del estanque, y a ambos lados, dos duendes vierten abundante agua.
Finalmente, coronando la escalinata acuática, se encuentra un estanque circular donde se levanta la Fuente de las Tres Gracias. Es una composición organizada sobre dos grandes tazas circulares superpuestas. En la inferior, a cuyo pie se han dispuesto cuatro tritones, está encaramado el trío de divinidades no en su postura canónica (pasándose unas a otras el brazo por los hombros, y la del centro vuelta de espaldas) sino apoyadas por la espalda, sosteniendo la otra taza sobre la que hay un niño abrazado a un delfín, cuya boca es el surtidor.
Nos queda la última alineación de las que, como hemos mencionado, salen perpendiculares a la fachada de palacio. La Carrera de Caballos es un bello y complejo conjunto formado por las fuentes del Caracol (dos), del Abanico, de Neptuno y de Apolo, además del Estanque de la Media Luna. Todos ordenados en fila, en una imaginaria línea perpendicular al palacio que remonta la ladera.
La Fuente del Caracol es un estanque circular con un niño que sostiene el Cuerno de la Abundancia. La Fuente del Abanico, llamada así por la forma que adquiere el agua al salir por el surtidor principal, es un estanque rectangular donde se sienta una ninfa con dos cupidos que acarician un delfín. La Fuente de Neptuno muestra al dios del mar en barca de la que tiran dos hipocampos, rodeado de delfines, tritones y geniecillos marinos. A partir de este punto se produce la divisoria en altura, enmarcada por las estatuas de dos ríos que flanquean un mascarón de cuya boca mana el agua. Sobre ellos, tres casadas. En la primera, encontramos la Fuente de Apolo, que representa al dios sentado en una roca, con la serpiente Pitón muerta a sus pies, el arco y la lira en las manos, y en la compañía de Atenea.
Cuenta la leyenda que Pitón vivía en la zona de Delfos, donde Apolo decidió establecer su oráculo, para lo cual tuvo que eliminar al monstruo. Tras matarlo a flechazos, guardó sus cenizas en una urna y fundó en su honor los Juegos Píticos. En esta parte coincide la literatura que hemos encontrado al respecto, pero no ocurre lo mismo con el papel atribuido a Atenea en la alegoría: para algunos, revestida de los atributos de las Ciencias, aplasta a la Ignorancia; para otros, simbolizando a la Virtud, derrota a la Envidia. La inscripción que figura en su escudo, ni por la suerte ni por el destino, sirve en cualquiera de los dos casos... o en ninguno.
Si continuamos en línea recta y pasamos el estanque de la Media Luna, siempre al lado del agua, llegamos a la Fuente de Andrómeda que, aunque algo separada del resto, se considera parte del conjunto de La Carrera de Caballos. Junto con la de los Baños de Diana, es quizá la más notable fuente del parque, por la equilibrada composición del grupo y la calidad del trabajo escultórico. Situada en medio de un gran estanque circular, representa el momento en que Perseo libera a Andrómeda y mata al monstruo que la acosaba.
Tras el héroe aparece Atenea, totalmente armada. Y completan el conjunto, en la cúspide del monumento, unos amorcillos que rompen las cadenas de la prisionera. Perseo, según se suele asociar, simboliza al Rey Felipe, que salva a la monarquía (Andrómeda) de su destrucción ayudado por Francia, representada en Atenea.
Tras rodear este estanque volvemos a bajar hacia palacio. Estamos en su otro extremo, el opuesto al de la puerta de entrada al parque. Y como allí, nos encontramos con una balaustrada, al pie de la cual se encuentra la Fuente de La Selva, estanque circular dividido en cuatro secciones que se disponen en pendiente, aprovechando la inclinación del terreno. Su autor fue Jean Thierry y, entre diferentes esculturas y ornamentos, presenta como motivo principal los amores de Pomona y Vertumno.
Según Ovidio, Vertumno es una divinidad menor relacionada con la rotación de las estaciones y la fecundidad de la tierra, mientras Pomona era la diosa de los frutos. La leyenda cuenta que para vencer la negativa de Pomona a relacionarse con pretendientes, Vertumno se disfrazó de viejo aldeano y, bajo esta apariencia, comenzó una elocuentísima alabanza de sí mismo que acabó interesando a la diosa. Dándose finalmente a conocer, pudo vencer su resistencia y con posterioridad desposarla. La escena muestra precisamente el momento en que Vertumno se quita el disfraz, lo que permite al escultor ensayar en la figura masculina un sugestivo escorzo, dentro de una composición verdaderamente inspirada.
Bajamos desde la balaustrada mediante una doble escalinata flanqueada por leones de mármol y en cuya base se encuentra una estatua yaciente de Ariadna. En la parte más alta descansan las figuras del Duero y Pisuerga, luego va el grupo de Pomona ya detallado, y se remata con el estanque inferior, donde se han incorporado grupos de amorcillos. Visto desde abajo forman un delicioso conjunto con la perspectiva lateral del palacio, que podemos completar mirando a nuestro alrededor: detrás, el Huerto del Potosí, con las alturas de sus elegantísimos árboles tras la verja; a ambos lados, el romántico rincón que forma un portillo en el muro y la perspectiva de la Cascada Vieja.
Nos alejamos del palacio remontando la ladera, por el costado izquierdo. Ya no hay parterres, pero todavía se guarda la linealidad del trazado de los caminos. En medio, árboles imponentes: alguna sequoia, pinsapos, abetos, cedros, pinos. La luz se filtra entre ellos componiendo formas y volúmenes solemnes. Una fuente, la del Colmenar, con sus pedazos de mármol medio enterrados alrededor, parece reclamar la presencia de una ninfa.
En seguida encontramos el Laberinto. A media altura del parque, pegado al muro, es uno de los lugares emblemáticos del recinto. Hecho con setos de carpe, ocupa una superficie aproximada de dos hectáreas y media. Aunque ha sido restaurado varias veces, se conserva íntegro el encantador diseño original, de 1713, debido a Dezallier D’Argenville.
Es un laberinto de verdad, y eso es lo primero que sorprende. A cambio, está despojado de todo el misterio que se suele asociar a tales arquitecturas. Es un laberinto galante, que nos retrotrae a juegos cortesanos, incluso infantiles. A falta de Minotauro, un cartel en la entrada nos pide que mantengamos cerrada la puerta, para evitar que se metan los corzos que andan sueltos por los jardines....
Seguimos internándonos en el parque. Enseguida desaparece la delineación de los caminos, que se vuelven escasos, tortuosos e irregulares. El suelo no está aplanado como en las proximidades del palacio, sino que es el natural, el propio de la ladera de una montaña que se va empinando. Los árboles y arbustos crecen y se mezclan sin ninguna predeterminación. Pero pronto llegamos a un área despejada, con un gran estanque en cuyas aguas se reflejan los cerros cercanos y las altas ramas de los abetos que lo circundan. Es el Mar.
De los siete depósitos que tiene el parque, el Mar es el principal. Su cometido es recolectar el agua de los distintos arroyos que bajan del Peñalara, para servir a las fuentes monumentales. Pero su gran tamaño y la grandiosidad del entorno le confieren una especial relevancia. En la época de esplendor del palacio fue lugar de juegos acuáticos y paseos en barca. Hoy es el destino final de los visitantes, la última atracción del parque. En su orilla, un pequeño muelle adosado a una construcción nos recuerda todavía el lugar donde se guardaba la Góndola Real, sobre la que la Corte navegaba ceremoniosamente. Y no nos podemos imaginar fácilmente la escena: el lugar es demasiado salvaje como para escenario de fiestas galantes.
Si queremos disfrutar de un paseo por el monte, todavía tenemos un buen trecho hasta llegar al muro que clausura el parque. Bosque cerrado; arroyos y torrenteras; aves que se ven y, sobre todo, se oyen; rincones que no se dejan descubrir fácilmente.
Volvemos sobre nuestros pasos hasta entrar otra vez en zona urbanizada. Descendiendo llegamos a una amplia plaza circular, la de las Ocho Calles, llamada así por las vías que en ella confluyen. En el centro se eleva un pedestal de mármol, octogonal, con un conjunto de esculturas que representan a Psique saliendo de los infiernos, llevando un frasco del agua de la belleza, que ha ido a buscar por orden de Afrodita, estando a su lado Hermes con un amorcillo. A su alrededor, en la divisoria entre las calles, están dispuestos arcos con las figuras de Neptuno, La Victoria, Marte, Cibeles, Cronos, Minerva, Hércules y Ceres.
En lo que serían los vértices del cuadrado cuyo centro es la plaza de las Ocho Calles se encuentran cuatro fuentes de menor relevancia, que van pareadas: de La Taza y de Los Dragones. Estas dos últimas son muy similares: delfines, tritones y cuatro grandes monstruos sostienen un trípode délfico del que sale el surtidor principal. Las de Las Tazas difieren más, aunque el motivo principal es idéntico: un gran recipiente de mármol, sostenida por cuatro delfines, sobre la que tritones, náyades o nereidas juegan con conchas y otros elementos.
Antes de concluir y encaminarnos a la salida merece la pena desviarnos un poco a la izquierda para ver la Fuente de Las Ranas. Debida a la mano de Frémin, es una de las más complejas del recinto. El autor aprovecha la leyenda de Leto y los aldeanos licios para crear un espacio amplio y con un variado repertorio de figuras que le permiten disponer los surtidores de manera muy imaginativa. Leto, madre de Apolo y Artemisa, se ve obligada a huir con sus hijos para escapar de la ira de Hera. Al pasar por Licia, quiere detenerse en un manantial a beber y lavar a los niños, pero los campesinos se lo impiden chapoteando entre el barro y ensuciando el agua. Entonces, la diosa los maldice convirtiéndolos en ranas, y que sigan viviendo en el cieno para siempre. La composición muestra en el centro, sobre un pedestal, a la diosa con sus hijos Apolo y Artemisa, y a su alrededor, repartidas simétricamente por toda la superficie del estanque, una multitud de ranas de diversos tamaños, incluyendo algunos campesinos en el momento de metamorfosearse.
Pongamos punto final al paseo. PY desde aquí nos encaminaremos a la salida.
*****
Plus que le parc de Versailles, le parc de La Granja parle a la sensibilité.
(J. Digard, Les Jardins de La Granja et Leurs Sculptures Décoratives.).
Publio Ovidio Nason (43 a.C.-17 d.C.)
Nació en Sulmona el 20 de marzo del año 43 a.C. en una familia acomodada. Desde muy pequeño se interesó por la poesía, contra la voluntad de su padre, que le obligó a estudiar retórica. En Roma completó su educación y viajó a Atenas, Egipto y Asia Menor. El año 8 d.C., justo cuando termina sus Metamorfosis, se ve obligado a abandonar Roma camino del exilio. Los motivos de este exilio no están claros, pero parece ser que tiene que ver con su Ars Amandi, poema que entraba en contradicción con la moralización y regeneración de costumbres de la sociedad romana que buscaba la política de Augusto.
Sus obras desde el exilio están llenas de lamentos, de peticiones a sus amigos de Roma y de súplicas a Augusto, y después a Tiberio, con la esperanza de conseguir el perdón y poder volver a Roma. No lo consiguió nunca y murió en Tomis (actual Constanza, en Rumanía) el año 18 d.C., después de casi diez años de exilio.
Obra :
▪ Amores
▪ Heroidas
▪ Remedia amoris
▪ Arte de amar (Ars Amandi o Ars amatoria)
▪ Las metamorfosis,
▪ In Ibin,
▪ Tristes,
▪ Pónticas (Epistulae ex Ponto)
▪ Fastos.
Las Metamorfosis
Ovidio terminó "Las Metamorfosis" el año 7 d. C, poco antes de recibir la orden de exilio. Es una obra de difícil clasificación. Bajo una apariencia épica, que se puede ver en el uso del hexámetro y en el tono general de la composición, Ovidio nos presenta en 15 libros más de 250 narraciones mitológicas, enlazadas entre ellas sin pausa, que se suceden en el tiempo desde el origen del mundo hasta la transformación en estrella del alma de Julio César.
Las metamorfosis, como transformación maravillosa por intervención divina o por efecto de la magia, eran ya un tema conocido en la literatura griega. Las fuentes mitológicas de Ovidio se centran en toda la tradición literaria anterior: Homero, Hesíodo, los poetas trágicos griegos y helenísticos, Teócrito, Calímaco... Muchos historiadores y literatos observan como el poema tiene también un fondo filosófico neopitagórico, con influencia de las ideas de Heráclito y de Empédocles.
Las metamorfosis comienzan con la ordenación del Caos inicial, que da lugar a la creación del universo y del mecanismo de transformación constante y a la aparición de los Dioses y los hombres; continua con la victoria de los Dioses Olímpicos contra los Gigantes y con el diluvio universal que acaba con la vida en la tierra.
La vida se retoma después a través de Deucalión y Pirra, los únicos humanos supervivientes, y comienza la trama de metamorfosis y de historias mitológicas de dioses, divinidades menores, héroes y mortales, hasta llegar a la Guerra de Troya (libro XII). A partir de ahí, con la llegada de Eneas a Italia después de la destrucción de Troya, comienza el ciclo de mitos romanos que acaba con Julio César (libro XV).
Así, la obra se convierte en una completa recopilación cronológica de mitología clásica, y en este sentido pasó a ser la principal fuente de información mitológica de la que, desde entonces, han bebido los escritores y artistas de todos los tiempos.
FUENTE DE DIANA
DIANA Y ACTEÓN
METAMORPHOSEON LIBER TERTIVS
dumque ibi perluitur solita Titania lympha,
ecce nepos Cadmi dilata parte laborum
per nemus ignotum non certis passibus errans 175
pervenit in lucum: sic illum fata ferebant.
qui simul intravit rorantia fontibus antra,
sicut erant, nudae viso sua pectora nymphae
percussere viro subitisque ululatibus omne
inplevere nemus circumfusaeque Dianam 180
corporibus texere suis; tamen altior illis
ipsa dea est colloque tenus supereminet omnis.
qui color infectis adversi solis ab ictu
nubibus esse solet aut purpureae Aurorae,
is fuit in vultu visae sine veste Dianae 185
quae, quamquam comitum turba est stipata suarum,
in latus obliquum tamen adstitit oraque retro
flexit et, ut vellet promptas habuisse sagittas,
quas habuit sic hausit aquas vultumque virilem
perfudit spargensque comas ultricibus undis 190
addidit haec cladis praenuntia verba futurae:
'nunc tibi me posito visam velamine narres,
sit poteris narrare, licet!' nec plura minata
dat sparso capiti vivacis cornua cervi,
dat spatium collo summasque cacuminat aures 195
cum pedibusque manus, cum longis bracchia mutat
cruribus et velat maculoso vellere corpus;
additus et pavor est: fugit Autonoeius heros
et se tam celerem cursu miratur in ipso.
ut vero vultus et cornua vidit in unda, 200
'me miserum!' dicturus erat: vox nulla secuta est!
ingemuit: vox illa fuit, lacrimaeque per ora
non sua fluxerunt; mens tantum pristina mansit.
FUENTE DE DIANA
DIANA Y ACTEÓN
METAMORFOSIS LIBRO TERCERO
FUENTE DE PERSEO Y ANDRÓMEDA
METAMORPHOSEON LIBER QUARTVS
quam simul ad duras religatam bracchia cautes
vidit Abantiades, nisi quod levis aura capillos
moverat et tepido manabant lumina fletu,
marmoreum ratus esset opus; trahit inscius ignes 675
et stupet et visae correptus imagine formae
paene suas quatere est oblitus in aere pennas.
ut stetit, 'o' dixit 'non istis digna catenis,
sed quibus inter se cupidi iunguntur amantes,
pande requirenti nomen terraeque tuumque, 680
et cur vincla geras.' primo silet illa nec audet
adpellare virum virgo, manibusque modestos
celasset vultus, si non religata fuisset;
lumina, quod potuit, lacrimis inplevit obortis.
FUENTE DE PERSEO Y ANDRÓMEDA
METAMORFOSIS LIBRO CUARTO
FUENTE DE LAS RANAS
LATONA Y LOS LICIOS
METAMORPHOSEON LIBER SEXTVS
distulit ira sitim; neque enim iam filia Coei
supplicat indignis nec dicere sustinet ultra
verba minora dea tollensque ad sidera palmas
'aeternum stagno' dixit 'vivatis in isto!'
eveniunt optata deae: iuvat esse sub undis 370
et modo tota cava submergere membra palude,
nunc proferre caput, summo modo gurgite nare,
saepe super ripam stagni consistere, saepe
in gelidos resilire lacus, sed nunc quoque turpes
litibus exercent linguas pulsoque pudore, 375
quamvis sint sub aqua, sub aqua maledicere temptant.
vox quoque iam rauca est, inflataque colla tumescunt,
ipsaque dilatant patulos convicia rictus;
terga caput tangunt, colla intercepta videntur,
spina viret, venter, pars maxima corporis, albet, 380
limosoque novae saliunt in gurgite ranae."'
FUENTE DE LAS RANAS
LATONA Y LOS LICIOS
METAMORFOSIS LIBRO SEXTO
FUENTE DE LA FAMA
METAMORPHOSEON LIBER DVODECIMVS
Fama tenet summaque domum sibi legit in arce,
innumerosque aditus ac mille foramina tectis
addidit et nullis inclusit limina portis; 45
nocte dieque patet: tota est ex aere sonanti,
tota fremit vocesque refert iteratque quod audit;
nulla quies intus nullaque silentia parte,
nec tamen est clamor, sed parvae murmura vocis,
qualia de pelagi, siquis procul audiat, undis 50
esse solent, qualemve sonum, cum Iuppiter atras
increpuit nubes, extrema tonitrua reddunt.
atria turba tenet: veniunt, leve vulgus, euntque
mixtaque cum veris passim commenta vagantur
milia rumorum confusaque verba volutant; 55
e quibus hi vacuas inplent sermonibus aures,
hi narrata ferunt alio, mensuraque ficti
crescit, et auditis aliquid novus adicit auctor.
FUENTE DE LA FAMA
METAMORFOSIS LIBRO DUODÉCIMO
FUENTE DE LA SELVA
POMONA Y VERTUMNO
METAMORPHOSEON LIBER QUARTVS DECIMVS
Prospicientis habet.—quorum memor, o mea, lentos
pone, precor, fastus et amanti iungere, nymphe:
sic tibi nec vernum nascentia frigus adurat
poma, nec excutiant rapidi florentia venti!'
Haec ubi nequiquam formae deus aptus anili 765
edidit, in iuvenem rediit et anilia demit
instrumenta sibi talisque apparuit illi,
qualis ubi oppositas nitidissima solis imago
evicit nubes nullaque obstante reluxit,
vimque parat: sed vi non est opus, inque figura 770
capta dei nympha est et mutua vulnera sensit.
FUENTE DE LA SELVA
POMONA Y VERTUMNO
METAMORFOSIS LIBRO DÉCIMO CUARTO
FUENTE DE LA CASCADA
APOLO Y LA SERPIENTE PITÓN
METAMORPHOSEON LIBER PRIMVS
sed te quoque, maxime Python,
tum genuit, populisque novis, incognita serpens,
terror eras: tantum spatii de monte tenebas. 440
hunc deus arcitenens, numquam letalibus armis
ante nisi in dammis capreisque fugacibus usus,
mille gravem telis exhausta paene pharetra
perdidit effuso per vulnera nigra veneno.
neve operis famam posset delere vetustas, 445
instituit sacros celebri certamine ludos,
Pythia de domitae serpentis nomine dictos.
hic iuvenum quicumque manu pedibusve rotave
vicerat, aesculeae capiebat frondis honorem.
nondum laurus erat, longoque decentia crine 450
tempora cingebat de qualibet arbore Phoebus.
FUENTE DE LA CASCADA
APOLO Y LA SERPIENTE PITÓN
METAMORFOSIS LIBRO PRIMERO
[1] Felipe V de Borbón (1683-1746), duque de Anjou y nieto de Luis XIV. Al morir Carlos II y extinguirse con él la casa de Austria, Felipe fue declarado heredero por ser bisnieto de Felipe IV, cuya hija María Teresa se había casado con el Rey Sol. Rey de España desde 1700, abdicó en 1724, pero la muerte de su hijo y heredero Luis I le obligó a volver al trono ese mismo año, donde permaneció hasta su muerte.
[2] René Frémin (1672-1744), parisiense y uno de los escultores más prestigiosos de su época. Antes de venir a La Granja trabajó en Versalles y Marly. Jean Thierry (1669-1739), artista menos relevante que Frémin, también dejó sus obras en los principales palacios franceses. Jacques Bousseau (1681-1740) sustituyó a Frémin tras la vuelta de éste a Francia. Hubert Dumandré (1701-1781), oficial del taller, se encargó de la dirección tras la muerte repentina de Bousseau.
[3] Felipe V de Borbón (1683-1746), duque de Anjou y nieto de Luis XIV. Al morir Carlos II y extinguirse con él la casa de Austria, Felipe fue declarado heredero por ser bisnieto de Felipe IV, cuya hija María Teresa se había casado con el Rey Sol. Rey de España desde 1700, abdicó en 1724, pero la muerte de su hijo y heredero Luis I le obligó a volver al trono ese mismo año, donde permaneció hasta su muerte.